jueves, 5 de septiembre de 2013

Psicología deportiva en el entrenamiento a niños


 No es de la competencia de la psicología deportiva dar indicaciones sobre cómo debe realizar su tarea un entrenador de deporte infantil o juvenil, pero sí que pueden servir ciertos consejos para ayudar a que los aprendizajes que el entrenador intenta inculcar sean lo más efectivos posibles. Para ello vamos a extraer 11 pautas de entrenamiento básicas extraídas de los estudios de Smoll y Smith (1980) y Weiss (1991):
  1. Cuando los niños están haciendo las cosas bien, hacerles muchos elogios (alabanzas, sonrisas, palmadas en la espalda) y darles estímulo (centrando su atención en lo que hacen bien más que en sus errores).
  2. Hacer elogios de forma sincera, puesto que si no son sinceros son ineficaces y debilita la credibilidad del entrenador (“sólo lo hace para que me sienta mejor”); no por ello no se debe reconocer la mala actuación, sino que se debe analizar la causa y alentar asegurando que las cosas ya saldrán bien.
  3. Desarrollar expectativas realistas adecuadas a la edad y al nivel de capacidades.
  4. Recompensar el esfuerzo tanto como el resultado, puesto que hay días en que por mucho que se esfuercen las cosas no salen bien, pero el simple hecho de esforzarse es digno de ser premiado.
  5. Centrar la atención en la enseñanza y el entrenamiento de destrezas; es decir, resaltarle al aprendiz sus progresos e intentar diseñar entrenamientos que eleven la participación al máximo e incluyan una gran cantidad de actividades y una diversidad de destrezas, así como hacer que las instrucciones sean cortas y sencillas.
  6. Modificar destrezas y actividades: es deseable que los niños experimenten éxitos en sus ejecuciones y, para ello, hay veces en que no queda más remedio que modificar ciertas condiciones ya sea en ritmos, objetivos e incluso instalaciones para asegurar una cierta tasa de éxito. Según Weiss (1991, p. 347) “…Hay que ajustar la actividad al niño, no el niño a la actividad”. Es conveniente utilizar progresiones de destrezas adecuadas.
  7. Modificar las reglas para elevar al máximo la acción y participación, para asegurarnos con ello el éxito y un aumento de la motivación: ¿Por qué no jugar un peloteo, en un entrenamiento de tenis,  donde estén permitidos dos botes de la bola?
  8. Recompensar la técnica correcta, no solamente el resultado, dado que si se ejecuta un buen golpe pero la técnica no es correcta a la larga puede ser contraproducente; sin embargo, si la técnica es correcta pero la bola va fuera, puede ser un inicio para que mediante ajustes de dicho golpe la bola entre con un buen gesto técnico.
  9. Cuando se corrigen errores, utilizar un enfoque positivo, buscando en primer lugar “algo” que haya hecho bien para ayudar a reducir la frustración derivada del error para, a continuación, ofrecer una explicación correctiva y terminar con un comentario alentador (Ejemplo: “Bien esta colocación de pies, pero deberías intentar acabar con la raqueta más alta; sé que es un movimiento difícil, pero seguro que al final lo haces”).
  10. Crear un entorno que reduzca el miedo a intentar nuevas destrezas, sin miedo al error, donde no se deben tolerar las burlas ni las comparaciones.
  11. ¡Ser entusiasta! El entusiasmo es contagioso y crea un entorno positivo y estimulador, donde el niño se sentirá a gusto y no le faltarán las ganas de volver.

Estamos seguros que la mayoría de entrenadores ya utilizan todos o casi todos los consejos extraídos de los estudios de Smoll, Smith y Weiss, pero no está de más refrescarlos para que la rutina del entrenamiento diario no haga olvidar que están entrenando a niños.

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